viernes, 18 de septiembre de 2009

hoy

de dónde sale ese canto de la noche? los pájaros que no vemos entre las ramas, ni en las ventanas de los edificios. la noche de regreso bajo la lluvia y el filtro de un canto salido de la nada.

pero una vez: pájaros negros.
volver a ese pedacito de noche y quedarse un tiempo, sólo un tiempo más, en reposo.

martes, 15 de septiembre de 2009

Continuación.

A partir del cuento de Vale, tan tan hermoso.

Te posabas sobre la chimenea y a veces te miraba sobrevolar la casa. El humo te dibujaba una barba que se iba desarmando pero que fluía permanentemente. Yo alimentaba el fuego del hogar porque me gustaba mirarte allí arriba, desde la ventana. Otro día ingresábamos en el colectivo oscuro y el silencio de la gente nos recordaba la historia de Aleko y el oso. Te ponías seria para contar esa historia, describías con minuciosidad las rodillas lastimadas de Aleko y el aliento denso del oso, y nos volvíamos tan vulnerables como si estuviéramos rodeados de nieve, nosotros también, aunque el colectivo mantuviera una temperatura agradable. Hacia el final de la historia tu voz, Alice, se volvía casi inaudible y yo me acercaba a tu boca para escuchar las últimas palabras, que nunca eran las mismas. A lo largo de estos años he recogido algunas, una vez terminaste en “pez”, otra en “caballos”, dos veces en “pan”, y muchas veces hablaste de las rodillas como si allí hubiera un hueco. Después de escucharte me quedaba retraído sobre tu pecho como cuando vamos a escuchar un coro y sentimos que las voces continúan sonando un tiempo más, y antes de aplaudir hay un instante de recogimiento. Así, sólo que la historia de Aleko y el oso no permitía el aplauso. Otras veces hablabas sobre mi piel y te parecías a un pez cuando mueve la boca sin decir nada, la voz quedaba obturada pero dibujabas algo en mi espalda o en mi cuello. Me es tan difícil invocarte con delicadeza, contar del mar sin tragar agua y hablar lleno de algas y de arena.
Ayer los vi a Aleko y al oso en el tren de regreso a casa. Se hicieron los desentendidos. Me es sumamente difícil contar la historia como vos la contabas. Es curioso pero nunca he podido terminarla con las palabras con que vos lo hacías. Siempre, en algún punto del relato, me detengo en la cabaña y en Terese, ansío el momento en que ella sirve el té y reparte los pastelitos, ansío su aroma y estar del otro lado de la ventana, estar bajo la lámpara. Vos comprendías que eso era un corrimiento, un desvío que no resonaría nunca en las rodillas lastimadas de Aleko, que jamás los pastelitos calmarían al oso, y entonces pasabas rápido esa parte y los seguías a ellos, los esperabas en el lago congelado y con ellos corrías el peligro de pisar hielo flojo.
Terese, por otro lado, a quien me encontré también cuando salía apurado de casa, me ha convidado fuego y ha sido amable. Necesito permanecer en la superficie, Alice, del otro lado de la ventana.
Después de un tiempo que no sé… he regresado. Terese no está. Su casa se ha llenado de arena salada, las tacitas y la tetera están llenas de arena, todo, entre las cortinas, debajo de la cama, sobre las frutas falsas y sobre las verdaderas (que por esas zonas la arena se vuelve dulce o con sabor a limón). Aleko y el oso apenas si han envejecido, sólo sé que están más silenciosos y que te llevan de la mano. Vos tarareas una canción rusa como si tuvieras frío y yo te llamo por tu nombre pero no me sale la voz. Soy un pez tan inútil que cuando te llama traga arena y te sigue llamando, y tan sin delicadeza, Alice, tan opaco e inútil que no supo qué hacer, que no supo qué hacer con esa cantidad de azul y el mar y tu cuerpo desapareciendo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

LA RIMBOMBANTE MUÑECOTECA








Platenses y people around the world!!! Se viene la semana de la Primavera en La Grieta! Vengan y traigan a sus primitos, hermanitos, amiguitos, playmovil, paloma mensajera, barrilete, 100 de mortadela, farolitos, novios, novias, amantes! lo que quieran! los esperamos!


martes, 8 de septiembre de 2009

Vuelta a Josefina

Vuelvo a Josefina + ideas aportadas por Plomo Negro (gracias).
qué molesto es poner mayúsculas.


Siento la enfermedad en la espalda, es un buen síntoma, es señal de que se está yendo. hasta me gusta sentir las crispaciones como espinas finísimas que rompen la piel y se resignan. por lo demás, el día se me pasa volando. duermo y deliro. vienen mi tía y mi abuela y me cuentan historias de caracoles y ciempiés. Sólo puedo tomar té y gelatina, y antes de comerla me quedo algunos minutos mirando a través de la masa de color, y me gusta deformarle la cara a la chica que está en la cama vecina, es de algún modo como duplicar su monstruosidad. La chica se llama Claudia, según escuché del doctor, y tiene dedos como ventosas, se toca permanentemente la cara y mira con asombro la pared. Me he quedado mirando e intentado descubrir alguna mancha de humedad maravillosa, algo, pero no he visto nada, sólo su cara asombrada y dolorosa. el enfermero debe saber que por las noches me asusta y entonces se sienta a mi lado y me da su mano que siempre está tibia y me pone un pañuelito blanco y frío sobre la frente. me dice, señorita Josefina, y me corre el pelo de la cara, arregla las sábanas como siempre hace mi abuela. Nos quedamos en silencio y yo tardo horas en dormirme. Me he acostumbrado a mirarlo a los ojos, ya no me pone incómoda su mirada de animal nocturno. tiene pestañas que a veces cobran vida, como las patitas del ciempiés que me cuenta mi tía; otras veces, su cara es como un umbral tras el cual me imagino un desierto blanco o una colonia de vacaciones. algunos dicen que uno crece mientras está enfermo. Cuando era chica envidiaba a mi prima Sofía porque se enfermaba tan a menudo que en mi imaginación llegaba a ser una gigante. Cuando vuelva a casa sostendré el pañuelo sobre mi cara y quizás se abra una ventana hacia los ojos de Daniel o hacia Claudia y su sorpresa. La necesito con sus manos frenéticas, con su cara oscura y sus costados de murciélago para que aparezca la mano tibia que conjura la fiebre.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Instrucciones para sortear la escalera de humanidades a las seis de la tarde

manos manos. le gente tan cerca saliendo y entrando. un sólo tigre pasado por agua, un poco gris y lleno de rumores. cursadas, esa luz que no se sabe de dónde viene, fluorescentes? perros. manos, manos y rostros tan cerca. subir subir sin caerse, sin tropezarse, sin chocarse a las personas que también bajan y suben y respiran tan cerca. fugarse con "cotidiano" aunque suene a paradoja.


http://www.youtube.com/watch?v=WBwo5MzB7io

domingo, 6 de septiembre de 2009

Josefina se baña como las palomas, mal y por casualidad. se envuelve con un pañuelito y estornuda porque le da el sol sobre la cara. se queda estática mirando por la ventana mientras las gotas se van secando una por una. recuerda los lapachos rosados, se imagina que Córdoba es una ciudad enorme llena de colinas donde crecen miles y miles de lapachos, y por las noches, pájaros grises duermen entre las flores rosas y se desparraman durante el día. después, medio mojada, le saca punta a los lápices y con las coronitas se hace un disfraz de puercoespín. habla tan despacio consigo misma que es como si las palabras se evaporaran antes de llegar a completarse, entonces, dice algo como “partentushjesnpu” y se cubre las espinas con el pañuelito.

viernes, 4 de septiembre de 2009

desde las tazas II


Elisa ve pasar el panadero. Sobre los edificios pasa y a pesar de su ligereza, el panadero se hunde hasta el puente, cae precipitadamente como una pequeña bola de acero, y allí está, sobre el puente, viajando, cuando todavía lo desconocía todo. Y a la vez nada sale del panadero, es como si, puesto de revés, tampoco saliera nada de él. Como si sacudiera un pullover y nada. hace tiempo que viene diciendo las mismas palabras, Agustín y Mabel, la casa que se está viniendo abajo, los inquilinos.

Sobre su cabeza rechinan las tazas y los platos. Ella siempre se imagina que un árbol viejo nace del centro de las tazas, sin embargo, allí arriba, los inquilinos las lavan a menudo, las llenan de café, las vacían, las beben, Francisquito las lame, Pompilia les pasa delicadamente el dedo, y las vuelven a entrechocar, las abandonan en el lavabo, y apenas el árbol busca resquebrajar la loza, allí está nuevamente la infusión anaranjada que sirve Marta a todo el mundo. (continúa)