martes, 11 de mayo de 2010

Mujeres






El domingo pasado fue la presentación del libro-objeto "Mujeres", de Camila Zambaglione y Aldana Evangelista, en el galpón de la Grieta. Después de compartir algunas lecturas e imágenes salimos a la vereda para escribir Nombres de mujeres e ideas relacionadas con la mujer. Fuimos pegando las letras naranjas en un mapa que comenzó siendo bastante azaroso y terminó adquiriendo correspondencias inesperadas.

Después del parto Marosa abrió sus piernas. no antes, después. y salieron retahílas y cortezas verdes, enanitos y cazadores diminutos. Sherezade contó los mil y un nacimientos, la última en nacer fue una extraña dama, Eva, o Evita, como solían llamarla, y sintieron que estaba empezando de nuevo el mundo. "Escuchame cuando te hablo", le dijo al cazador de abrigos, y se desnudó ante la vista de los conejos y los ciervos.

sábado, 8 de mayo de 2010

situación.hay un caja

hay una caja de cartón.
es relativamente grande, de color madera, se nota que ha sido reforzada con cintas de embalaje. es una caja de encomiendas.
adentro hay ropa.
camisetas y bolsas con medias de toalla. algunas remeras de la temporada pasada y dos o tres toallones que por quedar en la vidriera se han desteñido.
afuera de la caja pasan cosas.
primero, dos personas hablan, una llora, la otra se sienta sobre la caja presionando suavemente su costado derecho, después una mano entra a la caja, saca lo primero que encuentra, que es una camiseta escote redondo, y la tira contra la pared.
en otro momento la caja está sola rodeada de humedad y el fluorescente descarga sobre ella una luz monótona.
seguramente antes alguien ha llenado la caja, la ha vaciado y la ha vuelto a llenar con cosas que no estaban originalmente allí, que habían estado previamente en otras encomiendas, o en los mostradores, o en las estanterías, pero que, como ahora todo ha terminado, deben guardarse allí.
hay, hubo, alrededor de la caja, un perro que dormía a un costado o que solía mearla. la olía y la meaba, durantes años. probablemente las camisetas y sobretodo los toallones hayan absorbido el líquido caliente y oloroso. quizás las medias de toalla se hayan salvado porque estaban envueltas en una bolsa de nylon. de todos modos, el pis es penetrante y corroe.
así es que la caja ha quedado debilitada, por lo menos de uno de sus costados.
hay alrededor también la idea de un incendio: dos mujeres fuman y se preguntan si alguna vez saldrán de ese puto lugar. se ríen y se quejan y sienten ganas de mandarlo todo a la mierda, de destruirlo todo. piensan por algunos minutos en quemar el negocio. sería fácil con la caja y los materiales inflamables. pero una se termina el pucho y ya ha entrado gente.
dos cucarachas planean un nido. la caja no les sirve. el olor a pis, que ha quedado desde hace años, las ahuyenta.
dos personas se van desnudando, antes de alcanzar la habitación donde se encuentra el único colchón, se caen en la caja. es apenas un instante pero el cuerpo de la mujer siente el raspón de las tiras de plástico que servían para sujetar la caja. sale un hilito de sangre. enseguida la caja deja de sentir la presión del cuerpo y recupera su forma original.
un mapache diminuto que no puede vivir sino en el agua, y que quizás sea un pez o un niño, queda encerrado en la caja, y muere ahogado entre las camisetas.
la caja se queda aunque ha empezado a descascararse el techo.

zzzzzzzzz


Están sobre mi cielo.
Veo muchos rostros y medios cuerpos. Algunos sonríen, otros hablan entre sí, otros están apenas dibujados, es una pena pero la chica del costado tiene mal la nariz.
están ahi, congestionando mi cielo.
Es de noche, no hay estrellas todavía, y no entiendo cómo se sostienen porque tampoco hay suelo. Los percibo de la mitad para arriba y cada vez son más, como si quisieran sacar la noche de cuajo.
sobre ellos deberán apoyarse los árboles, no entiendo cómo no se corren o se van hacia un bosque más hospitalario. Sobre ellos irán los árboles aunque se queden sin oxígeno.
Temo de todos modos que si se quedan, una vez que ya estén los árboles, no haya lugar para la oveja. Sería absurdo que sobrevolara entre tantos personas. Cada vez son más, oigo que respiran. Se van tragando a bocanadas mi noche.

dibujo de Emma L.

martes, 4 de mayo de 2010

Buitres-de Franz Kafka


Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.
Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.

-Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.

-No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.

-¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?

-Encantado -dijo el señor- ; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?

- No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí -: por favor, pruebe de todos modos.

-Bueno- dijo el señor- , voy a apurarme.

El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.

lunes, 26 de abril de 2010

la vaca Cecilia


Quiero presentarles (verdaderamente no se a quién me dirijo, este blog está cada vez más monocorde, monológico, monociclo) pero en fin... quiero presentar(les) a un nuevo ser que acaba de llegar al mundo: es la vaca Cecilia, desperfecta del lado derecho, amante de Pollock y de las plantas del balcón, viajera y medio actriz.
Bienvenida al mundo de los seres de tela e hilo!

sábado, 24 de abril de 2010



De invierno (Rubén Darío)

En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón .

El fino angora blanco junto a ella se reclina,
rozando con su pico la falda de Alençón,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño;
entro, sin hacer ruido; dejo mi abrigo gris;
voy a besar su rostro rosado y halagüeño

como una rosa roja que fuera flor de lis;
abre los ojos; mírame con su mirar risueño
y en tanto cae la nieve del cielo de París.

Gracias Pili por mostrarme la poesía. Por acá también, frío de otoño, domingo de sábado.

viernes, 23 de abril de 2010

Paraguas!!!








En el medio del otoño: 9 paraguas de colores.
Infinidad de textos que cuelgan: cuentos, fragmentos, canciones, historietas, poesías.
El ánimo de convidarle a chicos y grandes el gusto por la lectura.
Hicimos una pequeña intervención en las cercanías del Galpón de La Grieta, esperamos a que los chicos salieran de la escuela -el timbre suena a las 5 de la tarde- y los acompañamos hasta que se tomaron el colectivo. Seguimos repartiendo papelitos a los viajantes, a los colectiveros y a todo bicho que pasara caminando.

Copio uno de los textos que andaba dando vuelta:
Fragmento de El palacio de la luna—Paul Auster
“Cerca de Columbus Circus vi a un joven negro, más o menos de mi edad, que caminaba paralelamente a nosotros por la acera de enfrente. Por lo que pude ver, no había nada de extraño en él. Iba decentemente vestido y no hacía nada que sugiriera que estaba borracho o loco. Pero allí estaba, en una noche primaveral sin nubes, andando por la calle con un paraguas abierto sobre la cabeza. La cosa era bastante incongruente de por sí, pero luego me di cuenta de que además el paraguas estaba roto: la tela habla sido arrancada del armazón y, con las varillas desnudas inútil¬mente extendidas en el aire, parecía como si llevara una enorme e inverosímil flor de acero. No pude evitar reírme. Cuando se lo describí a Effing, él también se rió. Su risa fue más alta que la mía y llamó la atención del hombre que iba por la otra acera. Con una amplia sonrisa, nos hizo un gesto para indicarnos que nos metié¬ramos debajo de su paraguas.
-¿Es que quieren mojarse? -dijo alegremente-. Vengan aquí para protegerse de la lluvia.
Había algo tan fantástico y espontáneo en su ofrecimiento que hubiera sido una grosería rechazarlo. Cruzamos la calle y camina¬mos treinta manzanas de Broadway bajo el paraguas roto. Me agradó ver con qué naturalidad fingió Effing la broma, sin hacer preguntas, comprendiendo por intuición que esta clase de juego sólo podía mantenerse si todos fingíamos creer en ello. Nuestro anfitrión se llamaba Orlando y era un cómico muy dotado; sorteaba de puntillas imaginarios charcos, inclinaba el paraguas en distintas direcciones para evitar las gotas de lluvia y charló durante todo el camino en un rápido monólogo de asociaciones ridículas y juegos de palabras. Era la imaginación en su forma más pura: el acto de dar vida a cosas inexistentes, de convencer a otros de que aceptaran un mundo que en realidad no estaba a la vista. Al haberse producido aquella noche, el encuentro parecía concor¬dar con el impulso que movía lo que Effing y yo acabábamos de hacer en la calle Cuarenta y dos. Un espíritu lunático se había apoderado de la ciudad. Los billetes de cincuenta dólares viajaban en los bolsillos de los desconocidos, llovía pero no llovía y no nos daba ni una sola gota del chaparrón que caía a través de nuestro paraguas roto.”