Merlina contó los sapos muertos: 46 en total.
En Pipinas hay sapos muertos y vivos. Los vivos habitan la fuente de la plaza y a veces actúan sobre la espalda de algún caballero. Hay también cabinas telefónicas que parecen de los '60 y adentro de una de ellas, el comienzo de un nido de avispas que reproduce en su estructura las celdas de la cabina. Hay un hotel y algunas viviendas, hay, sobre todo, casas deshabitadas y pocos jóvenes. La cementera Loma Negra, que era la principal fuente de trabajo para la mayoría de la población cerró y dejó a un 60% de la gente sin trabajo. Como otros pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires por los que también pasaron empresas cuyo único interés era beneficiarse de los recursos naturales y de la fuerza de trabajo de la población, Pipinas se está convirtiendo en un "pueblo fantasma". Sin embargo, el día que llegamos nos encontramos con una procesión de carretas y caballos que venían de los pueblos vecinos en lo que era la "21° Marcha de la Amistad" a beneficio de la Escuela Especial N° 501.
En Pipinas el tiempo se da de un modo muy especial, de repente los hombres sobre los caballos, vestidos con la ropa "gaucha" tradicional y cabalgando con un porte decidido nos llevaron a cien años atrás, pero al final del largo desfile se escuchaba una canción de Creedence que uno de los "gauchos" bailaba fervorosamente.
Fuimos, entre otras cosas, para comentar una novela de Carson Mc Culler, "El corazón es un cazador solitario", que transcurre en un pueblito de Estados Unidos que al igual que Pipinas, parece atravesado por la desolación pero en el que también se dan estos encuentros maravillosos, esta confluencia de personajes singulares.
A la noche fuimos a la fiesta del pueblo, un galpón gigante, mucha luz y una banda sonando en vivo. Entre la gente que bailaba apretada descubrimos a Miss Amelia, otra gigante de otra novela de Carson Mc Cullers. La serie de "encuentros" culminó cuando visitamos la casa de Marta, una amiga de la Grieta, que nos recibió junto con Oscar y Felipe en su quinta, enclavada en lo verde de Verónica. En su casita había un piano, una biblioteca, fotos de escritores, pinturas, un horno de barro, plantas y ventanas.
Hablamos del modo en que las cosas permancen y del modo en que podrían cambiar, de la resistencia (Gra y Estela escribieron el panfleto de Pipinas, Ale,Manolo, Oscar y Andrea introdujeron la veta política que estábamos necesitando).
Hermoso viaje que no deja de permanecer.