lunes, 17 de enero de 2011

Paraná










"¿Seguirá estando en su lugar la ciudad? Los lugares, cuando no los atravesamos empíricamente, ¿siguen existiendo, o por lo menos, siguen existiendo de la misma manera? Si bien sabe que es absurda, y que a su idealismo ingenuo un filósofo profesional lo refutaría con facilidad, Tomatis no puede abstenerse, de tanto en tanto, de hacerse la pregunta, aunque se trata más de una perplejidad irracional, casi animal, que de una interrogación filosófica."
La Grande, Juan José Saer

En Santa Elena, La Paz y Paraná hay chicharras. En la casa de Nacha nos recibió el cadáver alado y vuelto sobre un costado a la orilla de la puerta. A la certidumbre visual le siguió la sonora. De los árboles bajaba el sonido constante y múltiple de las chicharras, ensordecedor, y por momentos, como si se tratara de un lenguaje accesible,un fogonazo de sentido, pero inmediatamente volvía a ser ruido verde.
Ni el triatlón sudamericano blablabla ni las termas ni el casino. Las terminales oscuras y viejas de los pueblos, los mosquitos invisibles, la casa de Jaime, el que hace el auxilio de autos en La Paz, señora, se pueden quedar en su casa, pregunte, es conocido en todo el pueblo. Yo le dejaría la cama grande, pero mi señora, no sé cómo lo va a tomar. Y sí, acá es tranquilo, mire, si yo tengo una criatura de seis años que se olvida los chiches afuera, y cuando vuelvo de trabajar,a las seis de la mañana, ahí están. Eso en Buenos Aires no pasa. A las seis de la mañana todavía está la bicicleta ahí. 25 pesos, sí, adios.
El paraná parece tranquilo pero cuando uno se mete la corriente se revela desde la mitad del cuerpo para abajo. El fondo irregular de fango y piedras dificulta la resistencia. Arriba las totoras pasan con las cabecitas buscando el sol, y apenas agarradas por unos hilos al agua. A eso de las 19 hs el cielo vira hacia el rosado y la vegetación verde y apretada de las islas se opaca. Me parece ver al ladeado o al Layo yendo y viniendo, ocupados en la pesca o mirando hacia acá. También hay vendedores de sandía en la ciudad y gitanas bañándose en el río.
Las manos y los pies son las partes que mejor soportan el frío o el calor, son la parte de prueba. El abdomen y la cabeza quizás sean las partes más sensibles, por eso quizás conviene zambullirse de una vez, dar el salto con el cuerpo entero y después sentir el viento llevándose las gotas de los brazos y de las piernas. El pelo es la parte que más tarda en secarse, en una de las zonas en las que el agua se protege formando un casco húmedo y huidizo, por eso conviene separarse los mechones con los dedos y dejar entrar el aire.

3 comentarios:

pilar dijo...

pfffffffffff estás brillando Carito

Mari dijo...

Extrañaba tus imagenes y tus palabras... que lindo carito! Como dice Pili "Estas brillando Carito". Como dice la cancion "A brillar mi amor, vamos a brillar mi amor" Besos donde estés. Donde estas?

Adrianófanes dijo...

Me encanta esta suerte de diario de viaje que estás haciendo. Yo ya lo hice con unas visitas a la cordillera que realicé el mes pasado. Está bueno porque uno va siendo testigo de su tiempo, va dando testimonio y yo elijo vivir así. Para mí eso tiene que ver con la felicidad.

Ah... El Río Paraná... Genera tantas cosas... Yo lo conocí hace unos veranos. Y sólo me dediqué a contemplarlo...

Un gran saludo.